¿Quién pondría en duda el amor de un padre por su hijo?. Nadie discute esa realidad; pero entonces, ¿por qué tantos jóvenes rebeldes que no sólo odian a sus padres, sino que en casos críticos, han llegado al extremo de matar a su propio padre?. La clave está en un sóla palabra: A-M-O-R.